Perron
Situado frente a la fachada del Palacio, es una pieza característica del jardín barroco, servía para elevar ligeramente la casa y para subrayar la relación del edificio con los ejes principales del trazado. Estos ejes, perpendiculares a la fachada, se encuadran con 12 esculturas de René Frémin que representan a esfinges y amorcillos ataviados con joyas y artes de caza. Las esfinges aluden a la vigilancia y solían situarse a la entrada de recintos.
Frémin, René
Nacido en París el primero de octubre de 1672, aprendió el oficio de escultor en aquella ciudad y posteriormente en Roma, donde incorporó el estilo de Bernini y de otros maestros italianos a su obra. Artista notable, vino a España en 1722 junto a su compatriota Thierry, llamado por Felipe V para realizar la decoración escultórica del Palacio de La Granja. Tras 16 años al servicio del Monarca hispano, en 1738 pidió licencia para volver a Francia, en donde se consagró a su labor como docente en la Academia Real de Pintura y Escultura, llegando a alcanzar el puesto de Rector a finales de enero de 1744, pocos días antes de su fallecimiento el 17 de febrero. Frémin fue posiblemente el más prolífico de todos los artistas destinados en La Granja, en donde ejecutó los grupos escultóricos en plomo de las principales fuentes, tales como la de Andrómeda, de las Ocho Calles o de las Ranas, así como varias de las figuras que adornan el Cenador y el Parterre de la Cascada en colaboración con Thierry.
Gómez de Navia, José
Natural de San Ildefonso, nació en 1758. Estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando con Manuel Salvador Carmona en 1776. En 1800, la Secretaría de Estado le encargó realizar una serie de quince vistas estampadas del Monasterio de El Escorial, la cual constituye un importante testimonio del Real Sitio al inicio del siglo XIX. Realizada entre 1802 y 1807, fue puesta a la venta a principios de este último año, cosechando gran éxito. Tras la serie del Escorial, es posible que Gómez de Navia concibiese realizar una serie de vistas similar sobre el Real Sitio de La Granja, su localidad natal, pero no llegó a concluirlas y menos aún a grabarlas. Murió hacia 1812.
Más información
Según los principios compositivos del jardín barroco francés, delante del edificio debe quedar un espacio despejado destinado a un parterre. El parterre debe de tener la misma anchura que el palacio -o que su parte central si éste es excepcionalmente extenso-, y en el conjunto del jardín los “vacíos”, o zonas despejadas, se equilibran con los “llenos”, es decir los bosquetes. De esta manera, en La Granja el Parterre de Palacio tiene la misma anchura que tenía el edificio original de Ardemans, y a sus dos lados se disponen dos bosquetes, el de los Vientos a la derecha y el del Abanico a la izquierda. Estos bosquetes, en su origen, no se encontraban tan cerca del edificio puesto que no existían todavía las alas añadidas por Procaccini. La construcción de estas alas a partir de 1725 hizo que estos bosquetes quedarán muy próximos a sus fachadas. Para algunos viajeros ingleses este rasgo inusual resultaba muy conveniente en el clima español, pues permitía pasar desde la casa al frescor de la sombra del bosquete sin necesidad de atravesar una amplia zona soleada. Sin embargo, este efecto no era buscado sino casual. Delante de la vieja fachada de Ardemans, fue construida una nueva a partir de 1735 según el proyecto de Filippo Juvara modificado y realizado por Sacchetti. Como el diseño de Juvara es de una elegancia que lo sitúa entre las obras más importantes del barroco tardío europeo, y como su anchura corresponde exactamente a la del parterre, la armonía entre éste y el Palacio ofrece una gran belleza y magnificencia.
Escultura
El conjunto escultórico que adorna la Cascada Nueva y el Parterre de Palacio representa el programa iconográfico más destacado de los jardines de La Granja, lo que no es de extrañar, ya que constituía la vista principal desde el dormitorio de los reyes. Esculpidas por Thierry y Frémin entre 1722 y 1724, se tratan de catorce estatuas repartidas en cuatro grupos de tres, si bien su significado, como ocurre en otros puntos del jardín, es difícil de descifrar por la falta de testimonios documentales que desarrollen el programa iconográfico de La Granja.
Sin duda las dos esculturas más importantes son aquellas que se sitúan en el final del primer tramo de las escaleras del parterre. A la izquierda se halla La Gloria de los Príncipes, aludiendo a la gloria derivaba de los monumentos imperecederos que los reyes dejan tras de sí; aparece representada como una mujer portando una corona de laurel en una mano y apoyada sobre una pirámide, símbolo de la grandeza y de la eternidad de los monumentos. Al otro lado se encuentra La Magnificencia, identificada con una mujer velada que porta una tabla con la planta de la capilla del palacio grabada, aludiendo a la importancia que el piadoso Felipe V dio a la Colegiata durante la construcción de La Granja. Ambas esculturas son un reflejo de la voluntad del rey de dejar su nombre inscrito en la historia por medio de la arquitectura, tanto religiosa como secular.
Pasando al Parterre de Palacio, el grupo de la izquierda está conformado por La Fidelidad, simbolizada como una mujer que lleva un corazón en la mano derecha, acompañada por un perro dormido a sus pies. Le sigue Milón de Crotona, atleta semilegendario famoso por su fuerza, que terminó devorado por león cuando, en un alarde de soberbia, quedó atrapado en un tronco que intento por la mitad con sus manos; se trata de una alegoría a la moderación como virtud que todo buen rey debe tener. El grupo se completa con la representación de África, mostrada como una joven de raza negra que porta una cabeza de elefante con una cornucopia a sus pies.
Por último, el grupo a la derecha del parterre se compone de Ceres, diosa romana de la agricultura y que alude al verano, con una hoz en una mano y un ramo de espigas de trigo en la otra; América, simbolizada como una india con un tocado de plumas y un exótico traje del que cuelga un arco y un carcaj, con un caimán a sus pies; y por último de Baco, dios del vino, que se apoya en un árbol cubierto de ramas de parra y que sujeta una copa y un racimo de uvas.
Junto a este conjunto escultórico, en la terraza o perron de palacio se colocaron diez elementos que en su origen flanqueaban los peldaños que salvaban el desnivel entre la terraza y el jardín. Se tratan de seis esfinges, guardianas del palacio, y cuatro grupos de niños jugando con objetos que aluden a la caza, el baile y otras diversiones cortesanas.