Parterre de Palacio
El Parterre de Palacio sigue los cánones del jardín clásico francés, con igual anchura que el Palacio original. Trazado por el arquitecto René Carlier, originalmente era un parterre de broderie o bordado con platabanda de flores, setos bajos de boj y figuras de topiarias de tejo. El diseño actual, de parterre a la inglesa, responde a la reforma realizada en 1849 por Juan Vázquez. Las esculturas de mármol que lo adornan son las originales, obra de Thierry y Frémin. Los jarrones de plomo fueron encargados por Carlos IV para sustituir a los primeros jarrones de mármol, también realizados por estos escultores, y que el propio monarca ordenó trasladar a Madrid y a Aranjuez, donde aún se conservan en su mayoría.
En la actualidad el Parterre de Palacio presenta unas cotas muy diferentes a las que tenía en su versión original. El nivel del suelo en las zonas más cercanas al Palacio ha subido tanto que oculta los escalones que descendían desde la terraza, y los pies de algunos jarrones y estatuas se encuentran enterrados. A lo largo de tres siglos las topiarias de tejo se han desarrollado horizontalmente de manera desmesurada, muy distantes de las figuras esbeltas y puntiagudas de su origen.
Carlos IV
Nació en Portici (Italia) el 11 de noviembre de 1748. Séptimo de los trece hijos de Carlos III y de María Amalia de Sajonia, durante su etapa como heredero al trono, el Príncipe Carlos llevó una vida rutinaria y relativamente sencilla. Gran amante de las artes y de la música fue un ávido coleccionista de relojes, cuadros, escultura y todo tipo de muebles, destinados a decorar alguno de los palacetes de recreo o Casitas que construyó. Desde 1772 y hasta el final de su reinado, Carlos IV fomentó la construcción en Aranjuez del Jardín del Príncipe, un jardín de recreo dotado de fuentes, pabellones y un palacete, la Casa del Labrador. Construida por Villanueva entre 1791 y 1803 en dos fases, su lujosa decoración interior supone el máximo exponente del neoclasicismo español. También intervino en el Palacio principal, con el traslado de los jarrones de Fremin y Thierry desde La Granja hasta el Jardín del Parterre en 1794. Tras su abdicación en 1808, Carlos IV se exilió a Italia, falleciendo en Nápoles el 19 de enero de 1819, mientras se encontraba visitando a su hermano Fernando, Rey de las Dos Sicilias.
Brambilla, Fernando
Nació en Fara di Gedda d’Adda, en 1763. Hijo de Francisco Brambilla y de Antonia Ferrari, desde muy joven se dedicó a la pintura, oficio que desempeñaba en Milán cuando se incorporó a la expedición de Alejandro Malaspina a fines de marzo de 1791. La misión fue la de pintar las de vistas de los puertos más importantes visitados por la expedición (Manila, Macao, Sidney, Lima, Buenos Aires, Montevideo, etc.). Tras el final de la misma en 1794, se afincó en la Corte, donde ejecutó diversos trabajos pictóricos. En 1821 se le encargó la realización de una serie de vistas de los Reales Sitios, tarea que le ocupó hasta su muerte. Para ello, el italiano se trasladó a vivir a cada uno de los lugares que debía pintar. Como fruto de su trabajo, en 1832 puso a la venta la Colección de vistas de los Sitios Reales, con un precio de cincuenta reales el cuaderno de cuatro estampas. Compuesta por 88 estampas, todas firmadas por Brambilla excepto una, se hicieron dos tiradas, una en blanco y negro y otra en colores. Falleció el 23 de enero de 1834.
Carlier, René
Natural de Umbille, provincia de Picardía, arzobispado de Amiens, Francia, hijo de Sebastián Carlier y Magdalena Bazin, René Carlier vino a España en febrero de 1712 como auxiliar sobre el terreno de Robert de Cotte, quien entonces proyectaba el nuevo Palacio de El Retiro y la decoración de las salas del Alcázar. Carlier permaneció en España hasta su muerte, el 15 de agosto de 1722, sirviendo a Felipe V como arquitecto del Real Sitio de El Buen Retiro. Su salud delicada entró en un período crítico a partir de 1720 (hay varios memoriales en los que pide poder volver a Francia a tomar las aguas), precisamente durante los dos o tres años en los que estuvo al frente de las obras del jardín de La Granja, cuyo diseño es enteramente suyo aunque con alteraciones posteriores a su muerte. De los seis hijos que hubo en su matrimonio con Antonia de Marrisart uno, Francisco, fue también arquitecto del rey de España.
Frémin, René
Nacido en París el primero de octubre de 1672, aprendió el oficio de escultor en aquella ciudad y posteriormente en Roma, donde incorporó el estilo de Bernini y de otros maestros italianos a su obra. Artista notable, vino a España en 1722 junto a su compatriota Thierry, llamado por Felipe V para realizar la decoración escultórica del Palacio de La Granja. Tras 16 años al servicio del Monarca hispano, en 1738 pidió licencia para volver a Francia, en donde se consagró a su labor como docente en la Academia Real de Pintura y Escultura, llegando a alcanzar el puesto de Rector a finales de enero de 1744, pocos días antes de su fallecimiento el 17 de febrero. Frémin fue posiblemente el más prolífico de todos los artistas destinados en La Granja, en donde ejecutó los grupos escultóricos en plomo de las principales fuentes, tales como la de Andrómeda, de las Ocho Calles o de las Ranas, así como varias de las figuras que adornan el Cenador y el Parterre de la Cascada en colaboración con Thierry.
Thierry, Jean
Nació el 14 de junio de 1669. Natural de Lyon, creció en el seno de una familia de escultores. Ya antes de venir a España en 1722 Thierry había ejecutado diversas obras reales para los palacios de Versalles y Marly, valiéndole el reconocimiento y la entrada a la Academia de Pintura y Escultura en 1717. En La Granja, su obra es menos clásica que la de Frémin, pero está dotada de mayor originalidad y naturalismo, a la vez que presenta una gran influencia procedente del teatro, como se aprecia en los grupos escultóricos de Anfitrite, de Pomona y Vertumno o el de Apolo. Tras regresar a París en 1728, estuvo adscrito a la Academia, primero como profesor adjunto, y desde 1732 como profesor emérito, cargo que ejerció hasta su retiro en 1736. Falleció el 20 de diciembre de 1739 en Lyon.
Más información
En la jardinería clásica francesa de la época de Luis XIV, es decir Le Notre y su escuela, uno de los elementos más característicos es el parterre, es decir una extensión llana y despejada, adornada con vegetación de poca altura y flores, pensada para ser vista desde los paseos y desde la residencia. Entre ellos los había de diversas clases: de bordado, de compartimiento, o a la inglesa, principalmente. El parterre de Palacio fue en su origen un parterre de bordado, convertido en parterre a la inglesa por Juan Vázquez durante el reinado de Isabel II.
El parterre de bordado o de broderie, como su propio nombre indica, presentaba un dibujo complejo, realizado con algunas líneas de boj pero, sobre todo, con tierras de colores -rojo y amarillo, sobre todo- y polvo de carbón o limaduras de hierro para realizar las líneas más delgadas de color negro. Esos vistosos diseños rellenaban toda la parte central, bordeada por una estrecha platabanda en la que sí había flores, limitada entre dos líneas de boj, y en la que se disponían de trecho en trecho tejos tallados en forma de pirámide o formas verticales parecidas. Pero la altura de los bojes nunca superaba un pie (28 cms en España, 32 en Francia). En los parterres de Palacio, de Andrómeda y de la Fama pueden distinguirse todavía esas platabandas con su anchura original, pero tanto la altura de sus bojes como, sobre todo, los perfiles de sus tejos han llegado a nuestros días muy deformados, convertidos en enormes macizos cuadrados. Como no consta que los tejos hayan sido nunca arrancados y replantados, parece ser que los que flanquean estos parterres siguen siendo los plantados originalmente durante el reinado de Felipe V, y representados ya muy gruesos por Brambilla un siglo después.
Esculturas, significado
En el más importante de los jardines barrocos franceses, Versalles, la decoración escultórica estuvo dirigida por Le Notre en cuanto a la disposición o colocación de las estatuas, pero en cuanto a la definición de los temas fue decisiva la aportación del primer pintor de Luis XIV, Le Brun. Inspirándose en el principal tratado iconográfico del barroco europeo, la iconología de Cesare Ripa, Le Brun distribuyó en los parterres y a lo largo de las avenidas figuras asociadas en grupos de cuatro: las estaciones del año, las partes del mundo, los elementos, o las cuatro virtudes cardinales. Este mismo esquema se empleó en la granja y así vemos que en el parterre y en la subida de la cascada están distribuidas algunas de estas asociaciones cuaternarias. De Ripa también procede la definición de los atributos que debían caracterizar a las alegorías de ciertas ideas que solían usarse en estos contextos. Por ejemplo, la Magnificencia según Ripa debe llevar un plano de arquitectura mientras que la Gloria de los príncipes se define entre otras cosas por una pirámide. El conjunto de las esculturas en el parterre ante la fachada del Palacio de La Granja podría interpretarse como una elaborada alusión a la política de la monarquía, pero también es posible que responda a un empleo del repertorio habitual. Las piezas que desde luego resultan más definitorias son la Magnificencia y la Gloria de los príncipes que se encuentran enfrente de la fachada de los lados de las escaleras. Las figuras más atípicas son la Fidelidad y el Milón de Crotona. Este último tema había sido tratado de manera magistral por Pierre Puget, en 1672-1682, para los jardines de Versalles; Si el motivo de introducir este asunto en la granja fue solo el deseo de realizar una variante sobre una escultura famosa, o el de otorgarle un significado moral o político, resulta difícil de establecer. No ha llegado hasta nosotros ningún programa iconográfico que plantease desde el principio de la construcción del jardín unos temas concretos, ni siquiera existe seguridad acerca de si los temas eran propuestos por los escultores por el arquitecto Carlier, o si existía algún tipo de asesor iconográfico, que en tal caso muy probablemente hubiera sido un eclesiástico, quizás el propio confesor del rey u otro jesuita. Sabemos que el P. Févre, confesor de Felipe V hacia el final de su reinado, realizó un programa iconográfico para uno de los proyectos de escaleras principales en el Palacio Real de Madrid. Hasta el momento no existe ninguna confirmación documental sobre quién pudo asesorar en el “discurso” simbólico ideado para el jardín inicial y sus fuentes entre 1720 y 1724. Los escultores franceses tenían una cierta cultura de este género, pero habitualmente se contaba con un consejero de tipo más intelectual, y la complejidad y coherencia que presenta el conjunto de fuentes dentro del jardín de 1724 sugiere que tras toda su concepción existió un pensamiento que manejaba con mucha habilidad las relaciones entre la mitología clásica e las implicaciones políticas que convenían al primer Borbón español.
Dónde están los jarrones
Carlos IV continuó la costumbre de su abuelo y de su padre de pasar toda la temporada estival en La Granja. Sin embargo no realizó obras nuevas y manifestó mucha mayor creatividad en los reales sitios del Escorial y de Aranjuez. Debido a esa afición a ellos, apenas llegado al trono ordenó el traslado de muchas obras de arte del interior del Palacio de La Granja al de Aranjuez. Igualmente dispuso que todos los jarrones de mármol labrados por Thierry para el parterre fueran copiados en plomo, de forma que los originales pudieran instalarse en los jardines de Aranjuez, donde se conserva buena parte de ellos.
Algunos han estado en el jardín del parterre de Aranjuez hasta su reciente restauración, cuando se ha aprovechado para liberarlos de la intemperie exponiéndolos en la planta baja de aquel Palacio. Otros ocho continúan en el Jardín de Isabel II en aquel Real Sitio, dos en el Jardín de la Isla, cuatro en la escalera principal del Palacio Real de Madrid, y dos de los más grandes se encuentran en el Museo nacional del Prado. Dos de ellos se encuentran en un cruce de la calle del príncipe en el Real Sitio de Aranjuez, pues quedaron en manos de aquel Ayuntamiento.
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Antes Gómez de Navia, El parterre y la cascada principal desde uno de los balcones del Palacio, h. 1800. Colección particular.
Después Parterre de Palacio, Fuente de Anfitrite y Cascada de mármoles, 2026. Patrimonio Nacional.