La Ría
Escalonada por cascadas, es el cauce del arroyo Carneros canalizado por el arquitecto René Carlier al crear el jardín. Sobre la vaguada, un gran muro de piedra contiene la pendiente y sostiene una larga terraza, delimitada por una barandilla de hierro forjado por Sebastián de Flores.
Hoy forma un ecosistema lacustre naturalizado, con anfibios, reptiles y aves como: sapo corredor, tritón jaspeado, culebra viperina, mirlo acuático, martín pescador, lavandera blanca y ánade real. La vegetación se controla periódicamente para proteger la estructura del canal histórico.
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Antes de la creación del Real Sitio, y de que se crease el “Mar” o depósito general en el que confluyen las aguas de los arroyos Morete y Carneros, éstos discurrían naturalmente por estas laderas hasta desembocar en el Eresma. Sus cursos seguramente se reunían donde ahora está el Mar, y luego descendían más o menos por donde ahora están la calle Honda y la fuente de Andrómeda. A partir de ahí, su trayecto formaba un valle que fue regularizado por Carlier para convertirlo en la actual ría. El arquitecto supo sacar todo el provecho posible de la irregularidad del terreno para realizar un conjunto a la vez formal y pintoresco en torno a ese antiguo arroyo, ahora convertido en una “ría”. La potente intervención humana incluyó la creación de una gran terraza sobre la que se disponen las fuentes de la “carrera de caballos”, y una regularización geométrica del terreno en torno a la parte alta de la ría, de manera que a sus dos lados se dispusieran dos grandes parterres de dimensiones parecidas, pero que contrastaban en su forma: el de la derecha (el de Andrómeda) era de bordado, mientras que a la izquierda el espacio estaba ocupado por cuatro boulingrins, o parterres de césped. A partir de la ría, hacia el Sur, se disponen otros tres ejes paralelos a ella: la “carrera de caballos”, el parterre y cascada principal, y el bosquete de los Vientos. De esta forma Carlier otorgó variedad y unidad al jardín inicial partiendo de la forma natural del terreno.
Ese carácter ancestral de la “ría” como un arroyo natural en su origen es lo que seguramente motivó que entre los siglos XVIII y XIX se la denominase coloquialmente como la “cascada vieja”, transmitiendo de alguna manera que su existencia -la del curso de agua- era inmemorial y anterior a toda la operación paisajística de Felipe V. En realidad, tanto la ría como la Cascada de mármoles fueron realizadas a la vez, entre 1720 y 1724.
El agua de la ría, a su salida del jardín, llevaba bastante caudal puesto que a ella derivaba todo el de las fuentes que están al Norte de la calle de la Medianería, en el jardín inicial. Los ideales ilustrados del reinado de Carlos III supusieron para los Reales Sitios, entre otras cosas, la creación de industrias, y una de ellas fue la fábrica de lienzos instalada enfrente del jardín plantel. Esa fábrica, llamada la Calandria por una de sus máquinas -Calandre, cuyos cilindros alisaban y daban apresto a los lienzos- utilizaba para el movimiento de éstas la energía que proporcionaba, mediante un molino, ese curso sobrante del agua.
Al otro lado de la ría, los bosquetes del jardín inicial no estaban destinados en principio a contener ningún trazado ornamental ni tenían particularidades de otro género, sino que eran del tipo más simple, con su perímetro bordeado por setos de carpe en el que se alineaban los tilos, y su interior “relleno” (fourré) de mata de roble. La única excepción a esta regla era el bosquete del Laberinto, cuyo trazado sí corresponde al de un bosquete ornamental muy elaborado. Sin embargo, algunos de los bosquetes que lo rodean comenzaron a ser utilizados hacia 1740 como huertas por el jardinero mayor, dado que su exposición resultaba más conveniente para el cultivo de verduras y frutas que el inicial Potager. La cercanía de éste, del plantel y de la casa del jardinero mayor -en el extremo noroeste del plantel- suponía mayor comodidad para la labranza. Una de estas huertas, la del Colmenar, acabó por convertirse en un jardín reservado para la familia real en la primera mitad del siglo XIX.
Adivinanzas
Solución: La Ría
¡Enhorabuena ¡
Sois unos grandes detectives.
Ahora os planteamos una última adivinanza.
Preparaos para una excursión sin igual: podéis bajar escaleras y cruzar el canal, o seguir un camino más largo y sereno, paseando despacio entre jardines y terreno.
Solucion ad, buscad por todo el jardín y si lo encontráis... cuidado ¡no os perdáis en su interior!
Última Adivinanza
Entre muros verdes me podrás hallar, caminos secretos te harán dudar. No soy castillo ni gran fortaleza, pero guardo giros con mucha destreza.
Si avanzas deprisa te puedes perder, pues todos mis senderos parecen volver. Árboles y hojas forman mi rincón, escondiendo caminos en cada dirección.
No tengo puertas ni techo al pasar, pero un misterio te invito a encontrar. ¿Qué lugar del jardín podrá ser, donde perderse también es aprender?
¿Te rindes?
Solución: Laberinto
Sube el camino, baja las escaleras y cruza la ría y continúa hasta el cruce del siguiente camino. Sube por este camino y en el siguiente cruce gira a la izquierda y encontrarás el camino que te lleva a la puerta de entrada del laberinto.