Boel, Peter, obra atrib. h. 1630-1660. Patrimonio Nacional.
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La Faisanera

Desde la creación del Real Sitio hubo en los jardines diversas aves, sobre todo cisnes, patos y faisanes. Desde 1723 estaba dedicado a su cuidado Jean-Baptiste Du Berge, que había estado trabajando como faisanero en Aranjuez desde 1715, y que en 1725 fue sucedido por Didier Guillaume, ayudado por otros especialistas venidos de los Países Bajos, Jacques Anion y Teodoro Van halbec. Los patos y cisnes se traían de Holanda, y los faisanes también de allí o de Flandes, como ocurrió en 1735 cuando hubo grandes remesas de todas estas aves. Entonces se habían pedido doscientos faisanes, de los que llegaron vivos 182 conducidos por Juan Maser. Para cuidarlos se ordenó en diciembre de 1736 "se haga luego un colgadizo desde el extremo del estanque cuadrilongo a la parte del jardín de los italianos [en la Partida de la Reina], a fin de que en tiempos de rigurosos hielos y nieves tengan los cisnes y patos algún refugio y resguardo, como también para que al mismo tiempo se ejecute en el expresado estanque la composición que necesita". Al final se hizo de esta manera según las instrucciones de Guillaume, como "un patio cerrado con sus divisiones … Este Patio o atajadizo es en la Casa de Abajo, y en la de Arriba que tiene ya su patio cerrado de muralla se necesitan otras divisiones para meter los faisanes viejos con sus hembras..." "También señor se necesita hacer una empalizada para cerrar el estanque cuadrado con un pedazo de prado a fin [de] que los ciones [faisanes], plantándo¬les allí sus mimbreras y otras plantas a este tenor, puedan anidar sin ser vistas de la gente, por ser estas aves sumamente celosas de no ser vistas adonde crían". En la década de 1990 se encontraron en el terreno llamado de la Faisanera, al oeste de la Partida de la Reina, los cimientos de una construcción que corresponde con esa faisanera. En 1741 el intendente del Sitio escribía en contra de traer más faisanes de Holanda, "porque además de excesivo gastos que ocasionan a la Real Hacienda continuadamente, se sigue el que no se logra el gusto de que prevalezcan, como se ha experimentado en los que vinieron últimamente".

La manera de cuidar los cisnes cambió de manera radical bajo Carlos III: el monarca quería que a las faisanas se las dejase anidar y criar libremente en los bosquetes, que para eso se dejaron de cuidar durante todo su reinado. Una gran partida de faisanes fue enviada de Francia en 1767 -apenas hubo muerto la reina Farnesio y pudo Carlos III empezar a disfrutar de La Granja como verdadera cosa propia: al rey le gustaba bajar en solitario por la mañana al jardín con su escopeta a tirar a las aves, sin séquito, como cuenta Fernán-Núñez, y esa manera de cazar dentro del jardín explica el descuido de los bosquetes para favorecer la reproducción de los pájaros. Ese respeto a las faisanas fue una fuente de continua angustia para el jardinero mayor, Jean-Baptiste Loinville, durante todas aquellas décadas. Por ejemplo, el 18 de mayo de 1771 escribía al ministro Grimaldi: "En las otras partidas del jardín no se ha encontrado nada [de faisanes] hasta ahora, bien que yo no he hecho registrar ningún bosquete por no ahuyentarlas, sólo tener mucho cuidado que no entre ninguno en los referidos bosquetes a donde asisten, bien que están bien repartidos por todo el jardín y conocemos muchos de los parajes que no salen de allí, y es regular que éstos hagan allí sus nidos y creeré muy bien que los haya, no obstante que el tiempo es contrario a ellos. Los del plantel, la mayor parte salen y vuelven a entrar por la noche en el cuartito por el frío que hace, por la noche no se quieren quedar fuera..." Apenas Carlos IV llegó al trono hubo que cortar a ras de suelo muchos de los bosquetes, que habían crecido desproporcionadamente con daño del trazado formal de los setos.

En los primeros años del reinado de Alfonso XIII se creó una nueva faisanera a la francesa, edificada en la calle del Mallo, para facilitar su crianza y su abundancia en las cacerías. El cese de las jornadas reales tras el incendio de 1918 hizo que no hubiera tampoco más cacerías y que se eliminase luego esa faisanera, con gran ventaja para el aspecto del jardín histórico.