Fuente de El Mineral
Desde el siglo XVIII, pero de forma muy marcada en el XIX, se impuso en los países de Europa la práctica de veranear en lugares famosos por sus manantiales de agua mineral reputados como beneficiosos para la salud. Aunque esta moda se centraba en las fuentes de agua termal, es lógico que se procurase encontrar también este atractivo en un lugar como La Granja, destinado desde Felipe V a la estancia de la corte durante el periodo estival. Desde luego, la pureza del agua que baja del Guadarrama era un hecho; dentro de ese factor general, ya desde el XVIII se atendió a distinguir cuál de las fuentes naturales era la que proporcionaba mejor agua potable, y se estimó que a todas llevaba ventaja la de la Reina, que surge en uno de los bosquetes del parque de las Ocho Calles, y cuya calidad era tal que Carlos III y Carlos IV la preferían a la madrileña del Berro. Pero a lo largo del siglo XIX, sobre todo en la segunda mitad, y dentro del punto de vista “científico” con el que los ingenieros forestales empezaron a considerar el Real Sitio, empezaron a ser objeto de la mayor atención las “fuentes naturales”, de manera que en su edición de 1825 Martín Sedeño insertó un "Tratado físico-analítico de las aguas dulces o fuentes principales de uso común en los Reales Sitios de San Ildefonso y Valsaín", por Francisco Esteban García de Leca. Una de las más representativas de este gusto es la llamada del Mineral, porque se consideraba, con razón, que su agua era muy rica en hierro.
Pero su aparición fue tardía. Hasta mediados del XIX sólo se consideraba que hubiese ocho fuentes “naturales”, las de la Mimbrera, Huerta grande, Colmenar, Gordero, Intendente, del Pino y la Fría, además de la de la Canal que, en realidad, no era sino un sobrante de la de la Reina. Durante la “jornada” de Isabel II en la Granja "... la gente pasea por los jardines, bebe en la fuente de la Reina y toma polvo por las tardes en el consabido camino de Segovia." (La Época, 17.7.1860); "Las damas de Madrid tienen marcada predilección por la Fuente de la Reina, célebre por sus heladas aguas. Los hombres dados a la contemplación de la Naturaleza suben al Mar y apagan la sed en la Fuente del Pino." (La Época, 13.7.1863). Entre ellas aparece por primera vez la “Mineral” en un documento de 1876 que describe cómo junto a ella acababa de crearse "... un corto paseo de lilas que conduce al pie del Mar, inmediato a la base de la escalera rústica que baja de éste, y al lado de la salida de sus aguas...", enriqueciendo así la reciente construcción en ese mismo paraje de " un cenador de dos estancias", frecuentado por "el bello sexo" (AGP Cª 13828, 16.8.1876).
Ocho años más tarde, Breñosa y Castellarnau describen con entusiasmo en su Guía (pp. 166-167) que "se encuentran en el [Real Parque] una porción de fuentes naturales de excelente y fresca agua, cuya temperatura en el centro del verano pasa poco de 12º centígrados”, y entre ellas destacan la Fuente mineral, de agua sulfo-ferruginosa, debajo de la Meseta del Mar”. En realidad, lo “mineral” y férreo de esta fuente procede de la oxidación de algunas de las cañerías de hierro instaladas en época de Felipe V para conducir el caudal desde el Mar a las grandes fuentes del Parque; a ese origen se debe su tardío descubrimiento.
No menos gracioso y original que este hallazgo científico de los ingenieros forestales fue el de la fuente de la Víbora por una señora chismosa; anécdota sobre la cual me remito al articulo -firmado con el seudónimo Velisla-, "Revista de La Granja", en las Obras literarias de Don Manuel Silvela, ed. 1890, p. 265.