Segunda Fuente del Caracol
El conjunto de las Fuentes de los Céfiros y del Abanico, obra del escultor Jean Thierry, obedece a los principios de los jardines barrocos: a los terrenos las amplias extensiones abiertas de los parterres se contraponen los espacios cerrados de los bosquetes. En el interior de éstos se encuentran unas salas y gabinetes verdes, y todo está enmarcado por altos setos de carpe. A la sombra de los árboles y entre las paredes de carpe, se puede pasear y conversar mientras se van descubriendo los elementos ornamentales.
Thierry, Jean
Nació el 14 de junio de 1669. Natural de Lyon, creció en el seno de una familia de escultores. Ya antes de venir a España en 1722 Thierry había ejecutado diversas obras reales para los palacios de Versalles y Marly, valiéndole el reconocimiento y la entrada a la Academia de Pintura y Escultura en 1717. En La Granja, su obra es menos clásica que la de Frémin, pero está dotada de mayor originalidad y naturalismo, a la vez que presenta una gran influencia procedente del teatro, como se aprecia en los grupos escultóricos de Anfitrite, de Pomona y Vertumno o el de Apolo. Tras regresar a París en 1728, estuvo adscrito a la Academia, primero como profesor adjunto, y desde 1732 como profesor emérito, cargo que ejerció hasta su retiro en 1736. Falleció el 20 de diciembre de 1739 en Lyon.
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Las caracolas y conchas que aparecen en la base de las dos fuentes llamadas por ello “de los caracoles” son sólo un pequeño resto de una decoración de este tipo mucho más compleja: el fondo de estos dos estanques redondos estaba, originalmente, cubierto por verdaderas conchas marinas, traídas de Galicia y dispuestas artísticamente por los escultores. El efecto de este artificio puede imaginarse fácilmente si contemplamos la fuente llamada de Galatea, dentro del Palacio -bajo la escalera al extremo del brazo oriental del Patio de la herradura- donde esa decoración se conserva en bastante buen estado, aunque retocada en el XIX. También era así originalmente el nicho central de la fuente de los Baños de Diana. El fondo del estanque del Abanico también estaba revestido de “despojos del mar”, y la propia forma de ese surtidor evocaba también los radios de una concha. La figura femenina es una náyade, es decir una ninfa del océano. Toda esa iconografía marina servía de preludio, dentro del recoleto bosquete del Abanico, al gran tema acuático que a continuación se expande en la terraza sobre la ría: la fuente de Neptuno, dios de las aguas.