Punto de observación del Palacio
El Cenador, la Cascada, el Parterre y sus bosquetes laterales fueron concebidos de manera unitaria por René Carlier hacia 1720 y estaban concluidos en 1725. El Palacio construido en esos mismos años tenía la misma anchura que la fachada diseñada por Filippo Juvarra en 1736 y construida por Giovanni Battista Sacchetti, sufriendo modificaciones entre 1738 y 1743. Esta magnífica arquitectura, muy diferente de la originaria del arquitecto Teodoro Ardemans, forma junto con el jardín, uno de los escenarios más representativos del barroco europeo.
Ardemans, Teodoro
Nació en Madrid el 30 de junio de 1661 en una familia modesta. Hijo de un soldado de la guardia de corps, en la que Ardemans también ingresó, comenzó su formación artística en la escuela de Claudio Coello, donde estudió arquitectura matemáticas, perspectiva y óptica. Protegido del todopoderoso cardenal Portocarrero, gracias a su intervención fue nombrado maestro mayor de las obras reales el 30 de mayo de 1702. Ampliamente reconocido por su formación intelectual y pictórica, entre sus trabajos más destacados figuran la remodelación del Alcázar de Madrid en 1715-1716, y, más notoriamente, la construcción del primitivo palacio de La Granja de San Ildefonso en 1721-1724. Aquí, Ardemans levantó un pequeño palacio de planta cuadrada con cuatro torres embebidas en el edificio, siguiendo el modelo tradicional de alcázar castellano. Murió el 15 de febrero de 1726.
Carlier, René
Natural de Umbille, provincia de Picardía, arzobispado de Amiens, Francia, hijo de Sebastián Carlier y Magdalena Bazin, René Carlier vino a España en febrero de 1712 como auxiliar sobre el terreno de Robert de Cotte, quien entonces proyectaba el nuevo Palacio de El Retiro y la decoración de las salas del Alcázar. Carlier permaneció en España hasta su muerte, el 15 de agosto de 1722, sirviendo a Felipe V como arquitecto del Real Sitio de El Buen Retiro. Su salud delicada entró en un período crítico a partir de 1720 (hay varios memoriales en los que pide poder volver a Francia a tomar las aguas), precisamente durante los dos o tres años en los que estuvo al frente de las obras del jardín de La Granja, cuyo diseño es enteramente suyo aunque con alteraciones posteriores a su muerte. De los seis hijos que hubo en su matrimonio con Antonia de Marrisart uno, Francisco, fue también arquitecto del rey de España.
Juvarra, Filippo
Nacido en Mesina el 7 de marzo de 1678 y considerado como el arquitecto italiano más brillante del siglo XVIII, trabajó en Turín para la Casa de Saboya y en Lisboa para los Braganza. Fue llamado a España a principios de 1735 por Felipe V para que proyectase el Palacio Real nuevo que había de construirse tras el incendio del antiguo, para el cual realizó un fastuoso proyecto. Sin embargo, falleció el 31 de enero de 1736, apenas nueve meses de llegar a Madrid, y su proyecto para el Palacio Real fue abandonado. Tan corta estancia fue fundamental sin embargo, para la orientación de la arquitectura oficial, luego académica, de la Corte española. Junto al Palacio Real, compaginó otros encargos reales, sobre todo en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, para el cual concibió la monumental fachada hacia los jardines, el nuevo dormitorio de los reyes y la Galería estatuas, esta última actualmente desaparecida.
Sacchetti, Giovanni Battista
Nació en Turín el 17 de marzo de 1690. Discípulo de Juvarra, vino a España para sustituir a su maestro en la dirección de las obras del Palacio Real Nuevo, adaptando el proyecto de Juvarra para su localización definitiva en el solar del viejo Alcázar. Asimismo se encargó de llevar a cabo la fastuosa fachada del jardín que su maestro había diseñado para el palacio de La Granja de San Ildefonso, pero adaptándola a la fisionomía del palacio ya construido. El resultado es una fachada-telón uniforme que enmascara al viejo palacio de Ardemans, pero que sigue las trazas estilísticas de Juvarra. Jubilado por Carlos III en 1760, Sacchetti pasó el resto de sus días en Madrid, donde falleció en 1764.
Más información
Desde lo alto de la cascada, contemplando la fachada de Juvarra, resulta muy evidente hasta qué punto la creación de ese magnífico telón de fondo constituía una necesidad a principios de los años treinta, cuando las fuentes y toda la decoración escultórica del jardín habían adquirido una amplitud y esplendor que ya no podían permitir la subsistencia de la modestísima fachada original de la granja de los jerónimos. Ese piadoso capricho de Felipe V, motivado por su fondo profundamente religioso, y coherente con la inicial función de este Real Sitio para el retiro de un rey que había abdicado, resultaba completamente fuera de lugar en el centro de la suntuosa escenografía que estaba elaborando la pareja real en su residencia favorita tras su vuelta al trono.